• María José Santín Rodríguez

Cuando el hombre evita o espacia los encuentros en pareja: reflexiones sexológicas



En la actualidad, existe un aumento en las consultas de sexología sobre dificultades en el deseo masculino. Desde mi consulta observo como cada vez son más las parejas que acuden a solicitar ayuda profesional comentando que el hombre tiende a retraerse, espaciar o evitar los encuentros eróticos en pareja.


No me estoy  refirendo al hombre que ha encontrado otra pareja u otras formas eróticas de satisfacerse declaradas o no declaradas fuera de la relación,  sino al hombre que ama y desea a la pareja con la que convive y comparte su vida pero evita encontrarse con ella.


Y esta  situación es más habitual de lo que parece, provocando un sufrimiento en quien lo vive además de una serie de consecuencias en la pareja deseante, que suele buscarle pero no le encuentra: aparece desconfianza, falta de autotestima, desmotivación e incluso rencor. 


Los profesionales sabemos que entender por qué ocurren las cosas y darle una explicación coherente evita problemas mayores. Este artículo intenta dar una respuesta que pueda ayudar a las parejas u hombres que estén pasando por esto,  así como realizarnos algunas preguntas sobre esta situación y salir de dudas que suelen aparecer en la pareja.


¿Qué razones puede haber detrás de esta evitación o espaciamiento?


1. En primer lugar, es importante entender que no existe una erótica igual a otra. Existen tantas sexualidades como hombres y mujeres. Existe una erótica más masculina que la manifiestan una mayoría de hombres y algunas mujeres, y existe una erótica más femenina que la manifiestan una mayoría de mujeres y también algunos hombres. Sin tener esto nada que ver con la identidad ni la orientación sexual.


De este modo, podemos ser hombres y tender a tener una erótica más masculina donde la frecuencia es importante, lo genito-céntrico es fundamental, la comunicación erótica es explícita y se tiende más a  "ir a buscar" a  que "te busquen". Pero también podemos ser mujer y tener este tipo de erótica más masculina, sin dejar de ser mujeres.


Por otra parte  podemos ser hombres y manifestar un tipo de erótica más femenina donde la calidad puede con la cantidad, donde el placer se distribuye por todo el cuerpo, donde lo implícito puede con lo explícito o donde preferir que nos busquen a buscar. Y todo esto sin dejar de ser hombre ¡por supuesto!


En este sentido es importante que la pareja se conozca, hable de sus deseos y necesidades.


Si se entienden y encajan ¡perfecto! Son muchas parejas felices que tienen pocos encuentros al año y otras que se encuentran todos los días y también lo son. La dificultad aparece cuando los dos se encuentran en polos opuestos, pero no es por evitación del encuentro,  sino por desincronización en sus ritmos. Y esto puede ocurrir cuando la mujer tiene baja frecuencia y el hombre alta y también al contrario: cuando la mujer tiene alta frecuencia y el hombre baja. La opción es acudir al especialista para encontrar puntos medios de satisfacción mutua.


Como ejemplo puede ser que si eres mujer y deseas a un hombre, y éste tiene un ritmo o frecuencia más baja que la tuya, no es que no te desee, ni que tenga a otra persona o que no sea "un verdadero hombre"; simplemente su ritmo basal erótico es más bajo que el tuyo y se trata de ajustarlo.


2. En segundo lugar y una vez hemos entendido cómo funcionan nuestros deseos en pareja, puede ocurrir que el hombre tenga dificultades en sus prácticas sexuales como son la falta de control eyaculatorio o la dificultad con la erección. Y sin querer entra en la siguiente  sexotrampa:


"Cuanto más quiero disfrutar y hacer disfrutar a mi pareja, más me preocupa, más me hipervigilo, más quiero controlar y más descontrolo". En este sentido cada vez que "se pone a prueba" y "falla" lo vive como un fracaso. Con el tiempo, al no querer fracasar más, evita el encuentro.


Y no tiene que ver con el deseo por su pareja: de hecho, cuanto más deseo, más probablemente fracaso. 


En este sentido la terapia sexual es la clave cuando se descarta un origen orgánico, donde ambos tienen que venir a la intervención sexológica para seguir el protocolo de intervención y sacar la pareja de la sexotrampa que manifiesta.


Como ejemplo puede pasar que, tras algunos intentos dónde tu pareja no ha conseguido la erección deseada, comience a sentirse poco hábil; a sentir ansiedad ante una noche de pasión y decide evitarla en el futuro por no defraudarte. Poco a poco, hace que la pareja se distancie. Lo importante es hablar de la situación en pareja y acudir a un especialista que iniciará un tratamiento en pareja.


3. En tercer lugar ¿quién es responsable de nuestro placer? Es una pregunta que suelo realizar en consulta habitualmente. Nos han enseñado que el placer nos lo da "el otro". Solemos decir frases como "sabe o no sabe darme placer" o "¿te doy placer?".


Pero el placer es algo que se comparte, no que se da.


Durante mucho tiempo el hombre ha llevado la mochila cargada con la responsabilidad del placer de la pareja  y además entendiéndolo casi en exclusiva de consecución "eréctil-coital-orgásmico".


Y aunque ahora los tiempos son otros, donde todo el cuerpo ha entrado en escena en el arte de amar y la sexualidad femenina está encima de la mesa, seguimos siendo fundamentalmente coitocentristas. Esta estrechez de miras hace que estemos enredados en otra sexotrampa:


"Cuanto menor es el abanico de posibilidades que tenemos para disfrutar, más difícil es conseguir el disfrute. Cuanto más estrechamos el punto de mira, más fácil no dar en el blanco"


Y esta es una paradoja en la que muchas parejas están inmersas. Entender todas las posibilidades en el arte de amar de la pareja, descubrir sus múltiples formas de perderse en el placer, dejándose llevar por el disfrute del camino y no por la urgencia de la meta, es la opción para salir de la psicotrampa. 


Como ejemplo puede pasar que las prácticas más habituales con tu pareja sean coitales; pero puede ser que seas una mujer que prefieras otro tipo de prácticas y todavía no lo hayas comunicado. Puede ser que él sienta que no estás disfrutando pero tampoco diga nada. Si existe incomunicación en este sentido es posible que ambos miembros se alejen y espacien sus encuentros.


Entender que la sexualidad no se mueve en la obligación sino en lo deseable. Entender que cada miembro de la pareja es responsable de su placer, de comunicar lo que le gusta o le disgusta. Salir del modelo rígido establecido de la práctica sexual para entrar en un modelo flexible y creativo.


Así la "evitación" con la que comenzamos este artículo ya no sería la opción.


María José Santín

Sexóloga y Psicóloga

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