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  • María José Santín Rodríguez

El encuentro sexual ¿qué tal un camino sin meta?



¿Qué es para tí un encuentro sexual? Cada uno de nosotros y nosotras tendría su forma particular de contestar a esta pregunta, Va a depender de las vivencias propias, de nuestros gustos, deseos y nuestras inquietudes. Y esto es entendible porque no hay una única vivivencia de la sexualidad, sino tantas como personas. O dicho de otro modo: hay tantas sexualidades como personalidades.


Si hablamos de metas, podría ser que, en nuestros deseos las metas sean importantes y disfrutadas; o podría ser que se conviertan en un estancamiento de nuestra vivencia de la sexualidad.


La realidad de la consulta es terca. Me muestra cada día cómo una gran mayoria de hombres y mujeres que acuden con dificultades eróticas, tienen interiorizado una forma concreta y casi única de significar el encuentro sexual: en general siguen un patrón o una serie de conductas enlazadas que acaba en una meta más o menos clara en cuanto al placer, pero en todo caso casi siempre finaliza con la cópula.


No es por criticar la cópula, aunque preferiblemente hablaría de "coito", que por cierto significa "ir contigo". Solo que en el imaginario colectivo el encuentro sexual suele verse reducido a este tipo de conducta penetrativa.


Pero igual, lo interesante del encuentro sexual no es el encuentro entre dos genitalidades, sino "el encuentro con el otro". Igual, lo que interesa es este descubrimiento del otro, de mi mismo/a a través del otro/a y de lo que juntos recorremos.


En estos encuentros, podemos recorrer distintos caminos y senderos según nos apetezca, según el día que hayamos tenido, según las ganas y posibilidades. Todo es posible pero nada obligatorio. No hay nada que produzca más pereza que convertir en obligatorio lo placentero.


Cuando la meta es obligatoria y la convertimos en la forma habitual de encontrarnos con el otro/a, se genera el caldo de cultivo para que aparezcan las dificultades en la amatoria de los amantes.


Aparecen así posibles dificultades en la erección, la falta de control eyaculatorio, querer pero no tener ganas, dolor en las relaciones. Estos serían claros ejemplos que me llegan a la consulta sobre la obligatoriedad de la meta y la pérdida del disfrute del camino.


Hace más de una década entrego a los amantes el poema "VIAJE A ITACA" de Cavafis, poeta griego de principios del S.XX, como punto de partida del trabajo a realizar para solucionar sus desencuentros amatóricos. Aquí os lo dejo para disfrutar.



¿Te parece un buen punto de partida?


Abrazos


María José Santín

Psicóloga y Sexóloga

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