• María José Santín Rodríguez

¿Eres una mujer/hombre "pera" o más bien"mandarina"? Reflexión terapéutica con mucho jugo 8-)



¿Te consideras "una pera" o "una mandarina"? Esta pregunta suelo realizarla en terapia en no pocas ocasiones. Es una pregunta metafórica que normalmente deja un poco desconcertada a la persona que tengo delante, pero suele ayudar a iniciar el desbloqueo en algunas dificultades psicológicas. 


Son muchas las metáforas que ayudan en terapia estratégica y en terapia sexual a salir de algunas de las psicotrampas o sexotrampas en las que los pacientes pueden estar metidos. La metáfora, como figura retórica, ayuda al terapeuta a ofrecer otra realidad distinta ante el problema presentado. Una vez vista la solución en la fantasía, es más fácil llevarla a realidad.


Volvamos a las peras y las mandarinas. 


1. La pera es una fruta jugosa, carnosa y existen más de 30 variedades de peras de diferentes colores, texturas y sabores.  Pero hay algo que las caracteriza a todas ellas. Si las cortamos por la mitad nos muestra una masa compacta.


2. La mandarina tiene un exquisito olor y sabor con una proporción adecuada de azúcares simples. A diferencia de la pera, se caracteriza porque su pulpa está formada por un considerable número de gajos llenos de jugo o zumo. Al cortarla por la mitad nos muestra una distribución en porciones.


Entonces... ¿qué sería ser "una pera"?


Podemos decir que una mujer o un hombre pera, es aquel que se caracteriza por ser compacto. Es aquel en el que su vida se compone casi en exclusiva en un sólo aspecto de interés y disfrute.


Así en consulta me encuentro en ocasiones con frases como "mis hijos son lo único que me importa en la vida" o "si él (mi pareja) es feliz entonces yo soy feliz, si él es infeliz entonces yo también lo soy" o "para mi el trabajo es lo más importante en la vida, es el valor de mis padres" o "el orden es lo único que me da paz" o "si mi vida sexual va bien, lo demás no importa".


Que el trabajo sea importante para ti, que te importe la felicidad de tu pareja, que quieras y adores a tus hijos genera bienestar y armonía en tu vida. El problema se plantea cuando poco a poco estos hombres y mujeres pasan de tener un deseo a tener una necesidad en sólo un área específica. Han pasado, sin querer,  a ser compactos, a ser "peras".


Poco a poco y sin darse cuenta han ido cayendo en su propia paradoja: 


"Como básicamente tengo un área de interés al que me dedico y me gusta hacerlo porque además soy bueno en ello, suelo dedicarle casi toda mi energía. Esto hace que otras áreas sean para mí menos motivadoras o no suficientemente, como la principal. Como es el área que yo mismo he posicionado como importante, no me permito que falle, por lo que dedico más tiempo, más control para que nada se me escape y más energía. De este modo se completa el círculo, lo que más me gusta se ha convertido en mi necesidad y puede que obsesión".


Es en este momento cuando la propia persona o los de su alrededor se dan cuenta del juego tramposo en el que ha caído. Algunas personas de su alrededor deciden hablarlo y mostrárselo, pero otras pueden sencillamente pueden aprovecharse de la situación: un jefe explotador, una pareja manipuladora y aprovechada o unos hijos tiranos. La persona se convierte en presa de la situación que ha generado.


Problemas psicológicos como la adicción al trabajo, la dependencia emocional a la pareja o a los hijos, el duelo patológico ante una ruptura de pareja, el síndrome del nido vacío o distintos trastornos obsesivos y de ansiedad pueden venir generados de esta psicotrampa, en la que hemos caído sin darnos cuenta.


Cuando una "persona pera" pierde su única área, queda emocionalmente destrozada, surgen sentimientos de inutilidad y de vacío. Suelen comunicar que el mundo se ha vuelto gris, que no existen los colores. Claro síntoma de distimia y desmotivación. Necesitan tiempo para recuperarse y normalmente también ayuda terapéutica con tratamiento especializado.


Otras personas, sin embargo,  vuelven a convertirse rápidamente de nuevo en pera, en otra distinta pero al fin y al cabo en pera. Este es el caso de ir de pareja en pareja, cuando no se ha dado tiempo suficiente en recuperarse y convertirse en "mandarina" mediante un desarrollo personal adecuado para salir de la dependencia emocional como patología.


Para salir de la psicotrampa de ser "pera" existe la psicosolución de ser "mandarina"


Ser una persona mandarina es, por el contrario, entender que tu vida se compone de distintas áreas necesarias, importantes y complementarias.


Es comprender que cada gajo es fundamental en sí mismo y que todos conforman nuestro equilibrio.


Es cierto que no tenemos todos los mismos gajos y que además no son ni tienen por qué ser iguales. En algunos momentos de nuestra vida un aspecto puede ocupar varios gajos: el nacimiento de un hijo, cuando tenemos que hacer un esfuerzo especial ante un nuevo trabajo, o cuando nos enamoramos. Pero poco a poco y para una necesaria estabilidad emocional recuperaremos el equilibrio de los gajos de nuestra mandarina: nuestro cuidado personal, nuestro trabajo, nuestras relaciones amorosas, hijos si los tenemos, amigos, ocio, etc.


Cuidando este equilibrio, nuestra mandarina, ¿qué conseguimos?


1. Ayudaremos a evitar el "efecto lupa" en las dificultades que surjan en una de nuestras áreas, impidiendo llegar al comportamiento obsesivo descrito anteriormente. El tener distintas ocupaciones, responsabilidades y placeres dispersa la preocupación. Nos ayuda a prevenir "la pera".


2. Si en algún momento un área flaquea, ya sea la salud, el trabajo o la pareja, nos van a sostener el resto de gajos o áreas al igual que se sostendría una mandarina si un gajo ha perdido su jugo.


3. Disminuye nuestra ansiedad al ocuparnos también de áreas de ocio y distensión.


4. Proponernos un plan de acción entre la "mandarina" que somos y la que nos gustaría ser mejorará nuestra autoafirmación y autoestima.


¿Cómo poder comenzar a trabajar hacia "mi mandarina equilibrada"?


Te propongo una tarea, sencilla pero eficaz. Tienes que seguir unos pasos sencillos:


1. Coge un papel y dibuja una mandarina con sus gajos. Cada gajo te mostrará un área importante de tu vida. Dibújalos tal cómo se encuentran ahora: más jugosos o menos según tu dedicación a ellos.


2. Da la vuelta al papel y dibuja otra mandarina. Esta vez dibuja la mandarina que te gustaría ser en el futuro. Dibuja los gajos y nómbralos.


3. Ahora intenta pensar en aquellas cosas que se te ocurran puedas realizar para que el gajo actual llegue al ser deseado. De todas las cosas que se te ocurran coje la más pequeña de realizar, la más sencilla. Una cosa por gajo y escríbela.


4. Haz balance a los dos meses. Valora el progreso e plantéate metas ajustadas poco a poco.


5. Error común que podemos cometer en nuestra mandarina: ¡no podemos tener gajos infinitos, ni tampoco convertir cada gajo en una pera!. Hay que elegir los importantes así como obligarse a dividir la energía de forma equilibrada. Si tiendes a ir al 100% pregúntate ¿Puedo ir al 80%? Seguramente sí puedes, lo demás sencillamente sobra. Tenemos que guardar fuerzas y energías para los cambios y problemas que vengan en nuestra vida. Si ya estamos agotados no podremos afrontarlos.


¡Me gustaría terminar deseándonos un buen zumo! ¡Que el zumo rico se compone de todos los gajos!


Dejo para una segunda entrega ¿Qué ocurre cuando en una relación de pareja se unen una pera y una mandarina o dos peras? Pero eso, es para otra ocasión.


Un abrazo.

María José Santín

Psicóloga Estratégica, Sexóloga y Terapeuta de Pareja

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